Desde siempre he sentido esa atracción vibrante por las tormentas. Tal vez por su escasa frecuencia, tal vez por su innegable e imperfecta belleza. Hoy he tenido la suerte de poder pasar el día cámara en mano, y ver cómo se iba formando la tormenta poco a poco. Y después de muchos años, por fin he encontrado el momento de experimentar 🙂

Lo mejor de este tipo de fotos es las múltiples interpretaciones que tienen. En primer plano claramente hay un animal que ruge, ya sea un león, un perro o un dragón. Pero en un vistazo a los planos posteriores, encima del animal, vemos el rostro de un hombre perfectamente definido, sobre todo la zona de los ojos, y justo al lado, en la zona más iluminada, un oso mirando de frente.

Así que mi título para la foto es «Espíritus de aire y tormenta»