Respecto a la foto sobre estas líneas, tengo que decir que es especial. No es buena, pues la saqué con el móvil desde un coche en la autopista. Mal ángulo, prisas y mal encuadre, pero tiene su magia. Durante toda mi vida, desde que tengo memoria, siempre ha llovido el día de mi cumpleaños. Hace algunos años tuvimos un grave incendio en la isla, y pedí a las nubes que no me fallaran, que vinieran como tienen por hábito para ayudar a nuestra cumbre. Y me escucharon, puntuales, el 26 de octubre por la tarde, comenzó a llover, y el incendio amainó.

Esta foto es del 26 de Octubre de este año, cuando casualmente venía de comprarme una nueva réflex en un centro comercial. Notábamos un color extraño en el ambiente, como aquel día de Reyes del 2000, que todo se tiñó de naranja por la calima. Pero esta vez era fuego, puro fuego. Asomamos la cabeza por la ventana y no pudimos más que mal arrimarnos en una parada de guagua para inmortalizar el momento. Yo no cabía en mi de la rabia, mi nueva cámara perfectamente embalada en su caja, yo con tal espectáculo ante mis ojos, y no tener recursos para fotografiarlo. Pero bueno, es otra anécdota que contar.