Esta fue la primera foto «buena» que tomé. Mi padre siempre me ha dicho que las fotos hay que verlas antes de hacerlas, y estoy totalmente de acuerdo. Me prestó su cámara analógica, para que sacara fotos al atardecer, yo tendría uno 13 años, tal vez. Se quedó mirando a ver qué hacía, pero como todos sabemos, los atardeceres son efímeros, y no podemos andarnos con muchas dudas. Hice un par de «pruebas de encuadre» y disparé. Pero claro, yo era bajita, y mi padre por el contrario bastante alto, así que al darse cuenta de que íbamos a perder «la foto», me agarró del brazo y me levantó hasta la altura de sus ojos, el ya la tenía clara desde hacía un rato. Y entonces disparé.

Cuando revelamos pedí que me hiciera una copia grandita, y siempre la he conservado con cariño. Años más tarde, cuando empecé a usar programas de edición, la escaneé y procesé un poco, sobre todo para quitarle el granulado que queda en las zonas negras, e incluso la he utilizado para algún trabajo.

Según esta pequeña historia, no sabría decir si la foto es mía o no. Pero desde luego aprendí a mirar antes de disparar.